lunes, 26 de agosto de 2013

ENFERMEDAD CULTURAL, ENFERMEDAD FOLK, MEDICINA FOLCLÓRICA.








ENFERMEDAD CULTURAL, ENFERMEDAD FOLK, MEDICINA FOLCLÓRICA.

Apuntes tomados sobre trabajos científicos de los Psicoterapeutas Doctores: Samuel Tarnopolsky, Ari Kiev y Georges Dereruex.

Así como reconocemos enfermedades microbianas o traumáticas, debemos admitir enfermedades sociales y enfermedades culturales.

También hay enfermedades folclóricas: el mal de ojo, el empacho, el susto.

Un paso previo para contraer esas enfermedades y creer en ellas.

Quien cree en ellas y con ella se enferma se curará únicamente y con la terapéutica folk.

Las otras terapéuticas, basadas en otros diagnósticos, están condenadas al fracaso.

Conflictos culturales o sociales crean enfermedades culturales o sociales, tanto cuanto los microbios producen enfermedades infecciosas: “la cultura crea tipos característicos de conflictos”.

Una enfermedad cultural debe ser tratada con medios que contemplen su génesis; no en otra forma procederemos cuando pedimos un antibiograma para indicar el antibiótico eficaz en una cepa determinada.

Las drogas pueden atemperar —pero no siempre— la ansiedad y la angustia originadas por cualquier motivo.

Pero no suprimen el motivo. Si es cultural, así sea en uno de sus componentes, la enfermedad debe ser tratada en ese componente, con la técnica adecuada, en este caso conformada una pauta cultural.

Pretender más sería tan lógico como intentar la curación de la lepra con psicoterapia, aunque sea insustituible como ayuda para soportar esa u otra enfermedad, cualquiera sea su carácter orgánico.

El curandero es un folk-psiquiatra, un curador folclórico.

Su ígnara terapéutica es mágica y condenable, inclusive por su peligrosidad fuera de su limitado y estrecho campo, pero en ese campo su validez no puede ser negada.

Es cosa de otro mundo, ajeno al nuestro y opera válidamente en ese mundo: que tiene sus personas, su tiempo, su lugar, su cultura, sus necesidades y su forma de satisfacerlas.

Nosotros lo desconocemos tanto cuanto ellos desconocen el nuestro.

Nos creemos superiores y lo podemos demostrar, pero debemos demostrárselo a ellos. Y que lo acepten de grado, no por fuerza.

Tienen fe en otra cosa. La fe en un procedimiento incrementa su eficacia; el descreimiento en un procedimiento menoscaba su potencia intrínseca. Esto vale para el enfermo y para el médico, con las limitaciones que no es necesario enunciar ante un lector culto.

El médico escéptico no cura tanto ni tan pronto, no alivia ni consuela tanto ni tan pronto como el convencido, el seguro de sí mismo; el enfermo incrédulo se cura, se alivia  o se consuela menos y más tardíamente que el crédulo.

Curandero y curandeado forman un binomio que se conpenetra, y complementan.

Ninguno de los dos opera racionalmente, por separado; juntos, establecida la unidad, tienen razón, aunque sigan sin racionalidad.

La recíproca relación se conforma dentro de una mayor, el grupo curativo. La asamblea de los fieles, agitada en un círculo —el tercer círculo— que la envuelve: el medio sociocultural.

Aunque este origina y condiciona a los anteriores, la intercomunicación entre los tres círculos es permanente: se alimentan uno a otro, se transmiten pautas y emociones, creencias y efectos. Operan reflejos condicionantes de orden social y cultural, resortes curativos del malestar folk por ellos mismos creado.

En los grupos observados —los cultos curativos— hay por lo menos tres factores: las creencias heredadas, la creencias compartidas y las expectativas que allanan el éxito esperado.

Observaciones análogas las puede hacer en buenos aires cualquiera que sea aproxime a esos cultos: los niños son educados en su seno como lo son en el de una religión. Se crea una compatibilidad entre el fin y el medio, una suerte de profecía autorealizable y autorrealizada en su propio contexto, pero difícilmente lograda fuera de él.

En un medio social y cultural de características definidas, el curandero cura, alivia o consuela.

Allí donde él triunfa fracasan otros; y donde estos triunfan el curandero es un ser aberrante, descalificado, incurso en delito.

Son los extremos, pero quizá la verdad se halle en el medio.

Para ciertas enfermedades del cuerpo, del alma, de la psiquis, en la imaginación ya no se puede dejar de tomar en cuenta los factores enunciados en este artículo: tradición, aceptación, grupo curativo, contagio curativo, asamblea de creyentes, mecanismos curativos que deben alinearse junto a los otros de acción psíquica. Es preciso reconocer compartimentos, niveles, áreas geográficas y culturales.

El normal es distinto del anormal, el esquimal es distinto del beduino (. . .) en el grado de importancia relativa que la cultura adjudica a sus distintos mecanismos.

Esto explica el que los mecanismos psicodinámicos, o el modelo de defensa y de conducta, varíen de una cultura a otra, lo cual a su vez se refleja en las modalidades de la enfermedad mental. 
(. . .) 
Sólo después de observar de cerca la conflictiva y los tipos de trastornos generados en esta gente, estaremos en condiciones de entender las bases racionales de la teoría folclórica y el valor de la terapia folklórica.

La psiquiatría del curanderismo está significativamente relacionada con los problemas de esa cultura.

Existen muchos aspectos característicos de la terapéutica folk, sólo justificables en su contexto, compartidos por el curandero y el curandeado.

Los beneficios que se obtienen de los tratamientos folclóricos y las psicoterapias dinámicas contemporáneas, derivan en gran parte de elementos tales como la esperanza de alivio por parte del paciente frente a un agente curativo designado por la cultura, que use procedimientos culturalmente significativos y símbolos poderosos para despertar la fe de inducir la sugestión.

Esos pueblos y esas culturas están preparadas por el “inconsciente étnico” para recibir esas enfermedades y para enfermar con las enfermedades clásicas modificadas por modalidades propias de esas culturas.

Su organismo y su mente interpretan y sienten las enfermedades de esa manera particular y se curan con sus propias operaciones.

No ignoramos que el curandero explota la ciega adoración y fomenta la pasividad, la fe y la obediencia, el fatalismo, la curación puramente sintomática, y la renuencia a aceptar responsabilidades personales, como elementos negativos pero encuentra la realidad y la enfrenta, por ello “la psicoterapia es tan difícil” con esa población.
                                     
 

      

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