viernes, 3 de agosto de 2012

EL AJO


 

 





 


EL  AJO

Es utilizado desde la antigüedad en medicina.

En El Codex Ebres, papiro egipcio, del siglo 1550 antes de nuestra era, existen descriptas más de 20 acciones curativas, en relación a cardiopatías, mordeduras, parásitos intestinales, tumores, etc.

Los millares de operarios constructores de las pirámides egipcias consumían diariamente una dieta rica en ajo y cebolla, lo que les suministraba energías y dinamismo para afrontar tan dura y agobiante tarea durante extenuantes jornadas prolongadas diariamente en una zona y clima severos todo el año.

Sabios reconocidos como eminencias incuestionables en la antigüedad documentaron las acciones del ajo: Plinio aseguraba que sanaba infecciones pulmonares;  Virgilio describió el estímulo e incremento de la fortaleza en los campesinos que lo consumían; Celsio lo indicaba como antifebril; Hipócrates aseguraba que era benéfico para combatir numerosas enfermedades; Mahoma curaba las heridas de picaduras y mordeduras diversas con cataplasmas de ajo machacado.

El sabio Luis Pasteur (1822 - 1895) le otorga fidelidad científica al verificar las aptitudes antibióticas.

En los albores de los años 1900 el Doctor Albert Schweitzer en África logra gran éxito combatiendo con ajo la disentería, una terrible enfermedad infecciosa que provoca diarrea con sangre, que puede ser mortal si no es tratada.

Posteriormente, el médico suizo Doctor Arthur Stoll y premio Nobel, en 1944 comunica su descubrimiento del principio activo más importante del ajo: la Aliina o Alicina con poderes bactericidas.

Actualmente, científicos japoneses ensayan con éxito terapéutico en enfermos con  artritis y artrosis en distintas articulaciones.

En la India, los investigadores aseguran tener éxito en la prevención de arterioesclerosis e hipertensión arterial.

La revista "Proceedings of the National Academy of Sciences" publicó recientemente un trabajo científico liderado por Gloria Benavidez, llevado a cabo en la Universidad de Alabama en Bimirgham (USA), comunicando el descubrimiento de que el consumo de ajo produce beneficios a nivel de la microcirculación vascular, actuando sobre los glóbulos rojos, relajando arterias e incrementando el flujo sanguíneo.

Sintetizando: El ajo, aparte de sus cualidades culinarias tiene algunas propiedades antibióticas, minerales como calcio, fósforo, yodo, cloro, hierro, importantes vitaminas como la C y algunas del complejo B. Suele ayudar a bajar el colesterol y la tensión arterial, acciones antiinflamatorias, anticoagulantes, antiparasitarias, antipiójos, baja el azúcar en sangre, mejora afecciones bronquiales, entre otras.

También se lo ha recomendado "como antihechizos y contra los vampiros" (ja ja ja ja).

Por efectos de la cocción desaparece el olor tan característico y nada grato para narices delicadas, pero también desaparecen todas sus otras propiedades medicinales. "Ajo cocido, ajo perdido".

Precauciones: El ajo consumido en forma racional, en general es bien tolerado por la mayoría de las personas. Sin embargo, algunas personas pueden presentar reacciones alérgicas, o ciertos problemas gastrointestinales o irritación de la piel. Por lo tanto, lo más importante "antes de consumirlo como medicamento" y especialmente en lo referente a la dosis y frecuencia de su ingesta consultá con tu médico.

El ajo es muy apreciado en la cocina mediterránea.

Una deliciosa manera de disfrutarlo es fileteado acompañando ensaladas.

¡Salud y buen provecho!


 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 


Ahora les ofrezco una receta para elaborar una exquisita sopa de ajo  escrita en verso, realmente una doble joya culinaria y poética, espero que la disfruten.


 



LAS SOPAS DE AJO
       

Uno de los platos de más rancio abolengo español y a la vez de más plebeya y ordinaria condición, es la sopa de ajo.

El ilustre poeta Ventura de la Vega, que nació en Buenos Aires, en 1807, y murió en Madrid, en 1865, tuvo la chusca humorada de poner en magníficas octavas reales (consagradas por el uso para los asuntos épicos y heroicos) la receta para la confección de la menestra más humilde con que se regalan los labriegos de la vieja Castilla.

 

La Sopa de ajo - Por Ventura de la Vega

Cuando el diario suculento plato,
Base de toda mesa castellana,
Gustar me veda el rígido mandato
De la Iglesia Apostólica Romana;

Yo, fiel cristiano, que sumiso acato
Cuanto de aquella potestad emana,
De las viandas animales huyo
Y con esta invención las substituyo.

Ancho y profundo cuenco, fabricado
De barro (como yo) coloco al fuego
De agua lo lleno: un pan despedazado
En menudos fragmentos le echo luego;

Con sal y pimentón despolvoreado,
De puro aceite tímido lo riego;
Y del ajo español dos cachos mondo
Y en la masa esponjada los escondo.

Todo al calor del fuego hierve junto
Y en brevísimo rato se condensa,
Mientras de aquel suavísimo conjunto
Lanza una parte en gas la llama intensa;

Parda corteza cuando está en su punto
Se advierte en torno y los sopones prensa,
Y colocado el cuenco en una fuente,
Se sirve así para que esté caliente.


 

 

 

 

 



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